Archivos de la categoría ‘educación’

Profesores

Noviembre 23, 2008

Después de una breve conversación con un antiguo, y admirable, alumno reflexiono sobre qué es ser profesor.

Me comenta que tiene profesores que no saben quién es Hemingway y yo le digo que no me lo creo, también me dice que tiene profesores que jamás han oído hablar de Miller (se refería a Henry porque la pregunta a su profesor, después de su incredulidad, se completaba con Trópico de cáncer) y, lo más grave, es que me cuenta esas cosas de antiguos compañeros míos a los que conozco y aprecio y que, además, sé que son grandes lectores, personas con un gran interés vital y curiosidad intelectual. Conclusión: no entiendo nada.

Un profesor tiene que saber más de lo que enseña y no limitarse a su campo, tiene que ser capaz de tener una mínima información sobre cómo funciona el mundo (y para eso hay que leer prensa y ver noticias) para poder inspirar algo de curiosidad a los adolescentes a los que da clase (me limito, como se puede deducir, a hablar de un profesor de secundaria) Tiene, también, que tener lecturas a sus espaldas, las suficientes para que no le pillen en un renuncio y, además, las suficientes para no avergonzarse de que un alumno le descubra a alguien…

Y esas lecturas no deben ser sólo referentes a la literatura, no se puede ser mínimamente culto sin conocer las bases de las ciencias. Ya basta de la división letras / ciencias, tan absurda.

En conclusión, un profesor tiene que ser curioso, el más curioso de la clase. Lo que está en los libros de secundaria puede explicarlo cualquier persona con dos dedos de frente que sepa leer, bastaría con preparárselo la noche anterior pero claro, si un profesor se limita a lo que viene en el libro ¿merece el nombre de profesor?

El alumno del que hablo me presentó a Palahniuk y, como le digo cada vez que hablo con él, me hace sentir analfabeta porque ha leído gente de la que yo no he oído hablar siquiera pero, al mismo tiempo, soy capaz de agradecerle que haga mi mundo literario más grande porque un profesor, como cualquier ser humano, no puede conocerlo todo y debe, más que todo lo que he dicho antes, ser capaz de aprender de los alumnos que tiene.

Sin curiosidad no hay profesión que valga. El profesor es mucho más que el que pone disciplina y conocimientos en los alumnos, tiene además que poder renunciar a dar una hora de lo que se supone que tendría que estar explicando y perder el tiempo de clase hablando de los piratas de Somalia, de El principito, del acelerador de partículas… quizá no llegue a cumplir el temario pero por mi experiencia sus alumnos serán mejores que cuando llegó por primera vez al aula (y añado, jamás he dejado el temario completo sin explicar)

Y escuchar…. sobre todo debe escuchar.

Aun así, mos ki merak.

Ya era hora

Octubre 26, 2008

El año pasado trabajaba en un colegio que dentro de unos años será totalmente bilingüe (si no me fallan los cálculos en seis años llegará a 2º de bachillerato) El nivel de inglés, como es de suponer, era alto hasta el punto de que los niños presentaban exámenes externos con una cantidad de aprobados envidiable.

Una compañera, profesora de inglés, me comentaba que una de mis tuteladas 10 presentaba exámenes perfectos pero era absolutamente incapaz de decir dos palabras seguidas… paradojas de la vida. Esta niña es una estudiante brillante pero, en lo que a los idiomas se refiere, es incapaz de hablar entonces ¿para qué sirve aprender un idioma?

A pesar de ello, y aquí viene lo extraño, tenía muy buena nota en inglés porque, como decía, sus exámenes escritos eran muy buenos y la nota reservada para su competencia oral era sólo del 10%.

Todo tiene una explicación, a saber: hasta ahora los exámenes de selectividad, que es donde de verdad un colegio demuestra lo que vale, son escritos así que aunque en las clases se les hable en inglés todo el tiempo y se nieguen a responder a las preguntas que no se hagan en ese idioma, los chicos saben que en caso de querer preguntar algo siempre habrá un alma caritativa que preguntará por ellos. Y, por supuesto, está el hecho que para la competencia comunicativa el porcentaje de nota es sencillamente ridículo, entonces ¿para qué esforzarse?

Por parte del colegio la apuesta es hasta lógica, se apuesta por lo que irá a selectividad, lo escrito es lo que será medido desde fuera.

Eso, por fin, se va a a terminar. Leo en El País de hoy que en selectividad los exámenes de idioma tendrán una parte oral. Ya era hora.

Cuando un idioma no se habla sencillamente no se conoce por mucho que se pueda saber su gramática al dedillo. Eso es competencia comunicativa, esa es la parte fundamental, esa es la única que realmente les va a valer de algo en la vida. Ya era hora de que los que hacen la selectividad lo tuvieran en cuenta. Me consta que es una reivindicación de los profesores de idiomas desde hace muchos años, ya era hora de que fueran atendidos.

¿Lo siento? por mi extutelada 10 pero ahora que de veras se jugará algo si no habla conociéndola como la conozco estoy convencida de que en un par de meses se lanzará a ello, por la cuenta que le trae.

En el artículo también se comentan otras reformas de la selectividad bastante positivas, pero las dejo para otro día. No todo en Bolonia iba a ser malo (aunque sigue sin compensar las barbaridades que se están haciendo)

Aun así, mos ki merak.

Los alumnos no saben expresarse

Octubre 19, 2008

Hay un artículo en El País sobre las deficiencias expresivas de los alumnos españoles de muy recomendable lectura…. ¿A qué esperas? ¡Vete a leerlo! Luego, si tienes un ratín, vuelve por aquí, ya que has entrado…

El panorama que se describe en dicho artículo es claramente desolador, en él se habla de faltas de ortografía, pero, sobre todo, de faltas de coherencia y de lo mal que muchos alumnos se adecúan al interlocutor.

La culpa no es de los alumnos, nunca si se trata de lo que no saben porque no se les enseña. Sería injusto también decir que toda la culpa sea de los profesores, sobre todo si atendemos que se dice que esta caída al abismo de la agramaticalidad se nota a partir de la entrada en vigor de la LOGSE; los profesores que había antes de los 90 siguen en activo en muchos casos y tienen los mismos problemas que tenemos los que acabamos de empezar… así que la culpa debe de estar en otro sitio, digo yo.

Lo primero que me llamó la atención cuando empecé a trabajar con adolescentes fue lo mucho que los libros se parecían a los que llevaba seis años usando para enseñar español como lengua extranjera: mucha, muchísima, imagen y poco texto. Se fomenta la memoria fotográfica con mucho cuadro (que deberían hacer ellos, es parte del proceso de aprendizaje) pero poco fomento para la comprensión ya que, como decía, tienen poco texto. No estoy diciendo que la culpa sea de las editoriales, ojo, las editoriales se adecúan a lo que se les eche, por la cuenta que les trae.

La cuestión es que ha habido durante muchos años (y sigue) una tendencia para que todo sea científico entendiendo muy malamente qué es eso de científico. Se piensa que lo científicio es aquello cuanticable con parámetros objetivos, dando por hecho que una redacción no se puede evaluar sin ellos (falso) Se puede corregir un análisis sintáctico tal cual se corrige una operación matemática, también se puede corregir un análisis morfológico y hasta un análisis de texto pero también se puede corregir una redacción atendiendo a la correcta expresión de forma objetiva, nadie pretende que un alumno escriba como Borges pero sí que al menos se entienda lo que dice.

A día de hoy se piden muy pocas redacciones y eso es una catástrofe. La escritura creativa ayuda a que aprendan a redactar y desde la materia de lengua, que es la mía, deberían dejarnos más margen para fomentarla. A día de hoy se han aparcado casi por completo los exámenes orales y eso es también una catástrofe. Los alumnos no saben distinguir una cosa de otra porque, por mucho que se les explique, si no lo practican con nota de por medio es difícil que lo interioricen.

Se nos pide que los chicos hagan análisis constantes de cosas ya dadas, textos, oraciones, palabras… pero la materia es de tal volumen que no nos dan margen para que ellos creen esos textos, esas oraciones, esas palabras y eso, se mire por donde se mire, es un error garrafal. Y lo peor de todo es que los errores garrafales sólo se ven a largo plazo.

Hemos perdido la noción básica de que la materia de lengua es instrumental como si eso fuera algo malo (siendo todo lo contrario) Así que lo dicho, menos análisis sintáctico y más redacciones.

Aun así, mos ki merak.

Diversificación

Octubre 18, 2008

Cuando la ley educativa cambió, me refiero el paso a la LOGSE no a todo lo que ha venido después, se hizo algo muy positivo (ya siento los tomatazos) y es que se hacía coincidir la edad laboral con la de escolarización obligatoria (los de los tomates se sienten avergonzados, chincháos) Eso hizo que no hubiera chicos de 14 años sin escolarizar metidos en casa porque tampoco podían trabajar (legalmente se entiende) Y eso, se mire por donde se mire, era una cuestión del más elemental sentido común. Cierto es que no era habitual, pero nada de nada, que un chico de 14 años (entonces en 8º de EGB) dejara los estudios si iba bien, lo habitual era que los dejaba cuando cumplía los 16 y estaba hasta el moño de repetir cursos y no sacar nada.

Lo que se consiguió con eso, en realidad, es que los chicos que no van al colegio con la regularidad que debieran, esto es, los absentistas, fueran lo poco que iban hasta los 16 y eso ya es algo. Hace dos años tuve a una niña, inteligente como pocas, que dejó el colegio el día que cumplió 16 (¡¡en mayo!!) fue una pena porque aunque la pobre era medio analfabeta era más lista que el hambre y estoy convencida de que si hubiera ido al colegio todos los días hubiera llegado muy lejos (académicamente) pero ya se sabe que entre los padres que no los llevan y la administración que se hace la sueca según la etnia del niño en cuestión poco hay que hacer (aunque debería haber mucho que hacer, pero eso es otra cuestión)

Pero otra de las bondades de esa ley (que sí, que era nefasta) era el énfasis que se hacía en la atención a la diversidad, y en concreto lo que me hace escribir esto es la diversificación en segundo ciclo de ESO.

A día de hoy hay muchos colegios que no tienen diversificación; eso provoca que se encuentren con un montón de alumnos (el fracaso escolar está en el 30%) que llegan a 4º, los que llegan, a base de promoción automática porque, por si alguien no lo sabe, sólo se puede repetir una vez por ciclo. Lógicamente el que llega a 4º por promoción automática tiene cientos de materias (pasar de curso por P.A. no significa que se le aprueben) o, lo que es lo mismo, hay chicos que llegan a 4º y se van sin título (lógicamente también hay chicos que en 3º repiten y, ya con 16 años, abandonan)

Hay otros colegios, y eso es una estupenda noticia, que tienen una cosa que se llama diversificación que consiste en que a partir de 3º van a un grupo más reducido donde la didáctica es diferente; en lugar de tener lengua y sociales tienen el ámbito de humanidades y, en lugar de tener física y matemáticas, tienen el ámbito científico. Curiosamente lo habitual es que esos chicos que estaban prácticamente descartados, que estaban completamente fuera del sistema, se encuentren con que al dar las cosas de manera más sencilla (pero atención, la materia en realidad es la misma que en los cursos normales) empiezan a aprobar por sus propios méritos y, lo mejor de todo, según mi experiencia en este campo, lo hacen incluso con muy buenas notas.

Lo que me hace alabar la diversificación, sobre todo, es que estos chicos en muchos, muchísimos, casos no sólo consiguen el título de la ESO sino que al volver a reengancharse al sistema lo normal es que sigan estudiando, ya sea bachillerato o módulos.

Y es que no se puede descartar a nadie, la experiencia demuestra que la mejor forma de ayudar a alguien es decirle que puede y demostrárselo.

Así que los que suspendéis, mos ki merak, a nada que pongáis de vuestra parte los profesores seguiremos creyendo en vosotros.

¿Alguien lo dudaba?

Octubre 16, 2008

Me entero por Escolar que el señor que pedía que sus hijos se escolarizaran en castellano en Cataluña se llama Carmelo González y se divorcia porque su mujer dice que es un extremista.

Sólo una persona que está dispuesta a llevar las cosas al extremo puede mover cielo y tierra para hacer algo que considera justo. Conste que el tal Carmelo no me parece que sea un adalid de nada pero sí ha demostrado que no es fácil estudiar en castellano en Cataluña y, para ello, hay que ser un extremista, no quedan más narices.

Juraría que yo misma tengo mis convicciones políticas y, como filóloga, tengo hasta convenciones lingüísticas; de hecho considero que los políticos deberían dejar la lengua en paz de una puta vez y no seguir falseando la realidad inventándose lo de “lengua propia” cuando las lenguas, de toda la vida, son maternas o adquiridas (jamás entenderé cómo un hablante puede decir que su lengua propia es distinta de la materna) Si atendieramos a la realidad el debate sería diferente, me explico, si atendiéramos a cuántos hablan qué, y, sobre todo, a qué hablan realmente, no habría euskaldunes suspendiendo el examen de grado 12 de euskara, por ejemplo.

La cuestión es que a pesar de mis convicciones si viviera en una zona bilingüe lo más probable es que me adaptara, por sentido común, a pesar de lo que pienso de las leyes de anormalización lingüística, que diría Lodares. Lo haría sobre todo por esos hijos que no tengo, para que tuvieran una infancia normal a pesar de mis ideas al respecto. Cuando se pone todo incluso a los propios hijos por debajo de una idea se es un extremista, no sé a qué viene pues, la sorpresa. ¡Claro que el tal Carmelo es un extremista! todos los que llevan una idea al extremo tienen que tener un cierto toque de chiflados, no queda otra.

No creo que sea el caso de este señor, pero recordemos que hay extremistas fracamente admirables.

Aun así, mos ki merak.