Cuando se comete un error que cuesta la vida a una persona estoy convencida de que el equivocado se siente mal, muy mal; si el muerto encima es un bebé estoy segura de que el dolor y la culpa se multiplican mucho y ya ni te cuento si encima es un bebé mediatico.
Recuerdo que cuando pasó lo de Ryan, el bebé de la primera víctima de gripe A en España, no me pareció mal, ni mucho menos, la actuación del hospital al calificarlo de “terrorífico error” porque no se me ocurre manera más adecuada de calificarlo. Pero tampoco me pareció mal la actuación del personal sanitario al solidarizarse con la enfermera, una novata de veintipocos años que acabó ingresada con depresión, y a ver cómo sale de ella; el error que cometió es terrorífico y bastante tiene con lo que tiene.
Lo que ya no puedo entener es la actuación de la Comunidad de Madrid al despedir a enfermeras del Gregorio Marañón que apoyaron a una compañera que lo dicho, bastante tiene con lo que tiene. Y no es sólo que no lo entienda, es que me parece lamentable y muy peligroso. Esa no es forma de depurar responsabilidades, es sólo una forma chapucera de tirar pa’lante.
Vivimos en tiempos en los que para seguir pensando hay que estar seguro en el puesto porque si no, te cortan la cabeza. Ya no se acepta el disenso, ni aunque este sea para mejorar algo. Ya no sólo es cada partido, ahora cada empresa, cada grupo, cada todo se está convirtiendo en un grupo sectario en el que hay que seguir lo que diga el lider, sea lo que sea.
Como decía Patton, si todos pensamos lo mismo es que alguien no está pensando y algo me dice que en tiempo de crisis, con actuaciones como esta, se acabó el pensamiento crítico.
Aun así, mos ki merak.








