Koba, el temible

By Livia

Grandioso libro de Martin Amis. Grandioso por el estilo del autor, dotado de un maravilloso sentido del humor, aunque el libro no es cómico ni de lejos, y un enorme sentido común. Pero, sobre todo, Koba, el temible es grandioso por lo que cuenta y es que Koba no es otro más que Stalin.

Sabemos que hay víctimas de la historia sin reivindicar pero, sin lugar a dudas, las más olvidadas y ninguneadas son las que produjo la URSS, quizá porque eran suyas, quizá porque fue al URSS, y no los americanos como se sugiere en las películas, quien derrotó a Hitler, quizá porque no perdió una guerra sino que se colapsó en sí mismo, quizá porque utilizaban palabras como contrarrevolucionario o fascista para los millones que murieron durante un régimen de terror de más de 70 años con distintos grados de intensidad. No se trata de olvidar en nazismo, que nos conocemos, sino pensar que la URSS fue el monstruo probablemente más sanguinario que ha dado la humanidad, y encima para matar campesinos directamente o de hambre, o funcionarios del censo, o quien no aplaudía lo suficiente.

Siempre me enfada que haya gente que dice que se pierden valores porque pienso en el siglo XX y, sencillamente, se me llevan los demonios.

Pienso en Primo Levi y su Si esto es un hombre y en Solzhenitsyn con su Archipiélago gulag y sólo puedo preguntarme cómo ha podido pasarnos esto porque aunque yo nací el año que murió Franco sus vivencias nos afectan, o deberian hacerlo, a todos y, por lo tanto, hay que reivindicarlas y hay que hacerlo ya.

Aun así, mos ki merak.

Una respuesta para “Koba, el temible”

  1. PabloNSN Dice:

    Hay que reivindicarlas para impedir que el pasado se repita o se perpetúe: quizás tengas razón al escribir que la URSS fue el monstruo probablemente más sanguinario que ha dado la humanidad, siempre que no olvidemos, más al oriente, a ese otro gigante que aún rivaliza en crueldad sistemática, allende las murallas. Digo Allende porque es imposible pensar que el socialismo de verdad sea ése, el de la URSS o China, aunque lo llamen real: lástima que cuando Allende lo iba a intentar en Chile, ya se encargaron Nixon y Kissinger (premio Nobel de la paz, qué sarcasmo) de poner en marcha mecanismos que lo impidieran, dos años antes de que tú nacieras. (A propósito de lo cual, las juntas militares de Argentina, Chile o Uruguay tampoco se quedaron mancas en cuanto a monstruosidad sanguinaria. Creo que es mejor no buscar más ejemplos para no estropearnos el día).

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