Le había tocado ir ir a votar a un lugar del que lo habían echado a patadas casi un año antes – ¡vaya mierda de mala suerte tengo joder! – pensó al enterarse pero, aún así, a pesar de que aún tenía en los labios el sabor de la injusticia, su determinación fue clara desde el principio – iré ¡¡con un par!! - iba gritando,como quien se va a la guerra, al acercarse el día. Total, sólo le llevaría unos minutos y no estaba dispuesto a dejar de hacer lo que había hecho siempre - pse, por una nimiedad – y después se daba a sí mismo un discurso sobre los parabienes de la democracia que ni él mismo compartía – ¿perdona? no, si al final la vamos a tener… la democracia es no sólo un derecho sino una obligación que debemo… – mira, a mí no me cuentes milongas y déjame seguir con tu “trepidante” historia.
En cuanto cruzó la puerta, tuvo la desgracia de ver a un antiguo compañero – ¡qué coño compañero! ¡un imbécil! - no grites, que estoy contando yo la historia, a ver ahora… ¿por dónde iba? … se encontró con alguien al que no quería volver a ver porque pensaba, ingenuo, que todo debería tener alguna ventaja y… – pero, como por alguna razón me temen, se hizo el suecos con la misma alegría que yo – valeeeeeee.
Superado el trauma de entrar en ese maldito edificio – ¿¿trauma?? tú deliras coleguita - se encontró con que no tenían una triste silla para que se sentara su pobre y nonagenaria abuela, a la que llevaba colgada del brazo – eso, eso, ¡cuéntalo todo! que mi abuela pesa un quintal y ¡¡sillas!! las tienen a miles, que las he visto - y, para colmo de males, allí se había desatado la gripe A…- ¡¡cómo enferme…!! ¡¡cómo enferme………eh… les denuncio!! – sí, cómo que va a servir de algo ¿quién es el que delira ahora “coleguita”? Bah, continúo… A pesar de lo que había imaginado, salió de allí como quien no gana una batalla, ni una pelea, ni nada. Salió de allí sin emoción. Salió de allí sintiéndose, por fin, libre.
Todo ello le llevó a una reflexión, a saber: la nostalgia es una cosa curiosísima, pensó, durante casi un año, que le iba a costar acercarse por allí pero, llegado el día, entró sin más, sin un dolor, sin una pizca de pena por lo que en su día creyó haber perdido – y es que la nostalgia sólo estaba en mi imaginación – efectivamente, a veces creemos que, llegados a un punto concreto, echamos de menos cosas, o tontos útiles que daban discursos sobre revoluciones y huían a la primera víctima para aliarse con el poder, pero no. Nada de eso. De todo se sale y después de un año habiendo salido en teoría se dio cuenta de que también había salido en la práctica. Del todo. Y para siempre.
Ya no había dolor. Ya no había rabia. Y los cobardes revolucionarios con nombres de escritor antiguo le parecían, simplemente y sin paliativos, cobardes gilipollas.
Mos ki merak.
Junio 14, 2009 a las 11:35 am
“Le había tocado ir ir”?
“se hizo el suecos”?
“tontos útiles” o “inútiles” ?
Lo “trepidante” es ritmo al que vivimos, que hasta que no pasan ciertas circunstancias uno no se da cuenta de todo lo que estaba tragando.
Aplicable a trabajo, relaciones personales de familia, amistad y amor…
Y sólo el tiempo nos permite poner cada cosa en su sitio…