Hay un artículo en El País sobre las deficiencias expresivas de los alumnos españoles de muy recomendable lectura…. ¿A qué esperas? ¡Vete a leerlo! Luego, si tienes un ratín, vuelve por aquí, ya que has entrado…
El panorama que se describe en dicho artículo es claramente desolador, en él se habla de faltas de ortografía, pero, sobre todo, de faltas de coherencia y de lo mal que muchos alumnos se adecúan al interlocutor.
La culpa no es de los alumnos, nunca si se trata de lo que no saben porque no se les enseña. Sería injusto también decir que toda la culpa sea de los profesores, sobre todo si atendemos que se dice que esta caída al abismo de la agramaticalidad se nota a partir de la entrada en vigor de la LOGSE; los profesores que había antes de los 90 siguen en activo en muchos casos y tienen los mismos problemas que tenemos los que acabamos de empezar… así que la culpa debe de estar en otro sitio, digo yo.
Lo primero que me llamó la atención cuando empecé a trabajar con adolescentes fue lo mucho que los libros se parecían a los que llevaba seis años usando para enseñar español como lengua extranjera: mucha, muchísima, imagen y poco texto. Se fomenta la memoria fotográfica con mucho cuadro (que deberían hacer ellos, es parte del proceso de aprendizaje) pero poco fomento para la comprensión ya que, como decía, tienen poco texto. No estoy diciendo que la culpa sea de las editoriales, ojo, las editoriales se adecúan a lo que se les eche, por la cuenta que les trae.
La cuestión es que ha habido durante muchos años (y sigue) una tendencia para que todo sea científico entendiendo muy malamente qué es eso de científico. Se piensa que lo científicio es aquello cuanticable con parámetros objetivos, dando por hecho que una redacción no se puede evaluar sin ellos (falso) Se puede corregir un análisis sintáctico tal cual se corrige una operación matemática, también se puede corregir un análisis morfológico y hasta un análisis de texto pero también se puede corregir una redacción atendiendo a la correcta expresión de forma objetiva, nadie pretende que un alumno escriba como Borges pero sí que al menos se entienda lo que dice.
A día de hoy se piden muy pocas redacciones y eso es una catástrofe. La escritura creativa ayuda a que aprendan a redactar y desde la materia de lengua, que es la mía, deberían dejarnos más margen para fomentarla. A día de hoy se han aparcado casi por completo los exámenes orales y eso es también una catástrofe. Los alumnos no saben distinguir una cosa de otra porque, por mucho que se les explique, si no lo practican con nota de por medio es difícil que lo interioricen.
Se nos pide que los chicos hagan análisis constantes de cosas ya dadas, textos, oraciones, palabras… pero la materia es de tal volumen que no nos dan margen para que ellos creen esos textos, esas oraciones, esas palabras y eso, se mire por donde se mire, es un error garrafal. Y lo peor de todo es que los errores garrafales sólo se ven a largo plazo.
Hemos perdido la noción básica de que la materia de lengua es instrumental como si eso fuera algo malo (siendo todo lo contrario) Así que lo dicho, menos análisis sintáctico y más redacciones.
Aun así, mos ki merak.