Empezaré diciendo que me importa un carajo la lengua en la que se exprese un profesor universitario, sus alumnos deberán adaptarse a él, que tiene más cosas que hacer, y si no las tiene así nos va, que andar pasando por cursos para reforzar cualquier paranoia nacionalista.
Yo hubiera dado un brazo por que me enseñara Chomsky; Me hubiera gustado haberlo tenido de profesor, no por su visión política de las cosas sino porque ante todo es un lingüista que aportó un punto de vista novedoso y con cierta coherencia (remarco cierta que tampoco hay que pasarse) en un campo, la filología, en el que hay profesores que enseñan a Aristóteles como si hubiera sido compañero suyo de clase (en algunos casos es posible que así fuera) Para poder asistir a sus clases con la pretensión de enterarme de algo no me hubiera quedado otro remedio que mejorar mi inglés… y mucho, que ya es difícil seguirlo a veces incluso entendiendo cada palabra.
Es sabido cómo se forma el claustro en las universidades en este lugar del mundo donde no se busca a los mejores dondequiera que estén sino que se busca lo mejor entre lo que ya hay (y muchas veces ni eso) donde no hay ningún Nobel – como sí lo hay en las americanas, que salen a buscarlos si hace falta – y las eminencias son cada vez más escasas, el que llega a eminencia lo hace desde dentro y no es contratado después de serlo, así nos va.
Pero esto ya es demasiado, esa pretensión de que ahora para contratar a un profesor tenga que dominar una determinada lengua supone la muerte definitiva de la libertad de cátedra y la independencia de las universidades, sólo es un examen, dirán algunos, luego puede enseñar lo que quiera, dirán otros… ¿seguro?
Desconozco por completo si en alguna otra universidad de este lugar del mundo (si fuéramos cuatro todos estarían, como diría el humorista argentino Enrique Pinti, clamando por la autonomía) donde haya una obligación con un idioma determinado, de ser así que luego nadie se extrañe, ni ose quejarse, de que la enseñanza superior sea lamentable.
El profesor que imparta sus clases en catalán porque es su lengua o porque simplemente le apetece que lo haga, es parte de su libertad de cátedra, obligar al resto a tener un nivel C (¡C nada menos!) es atentar contra el más elemental sentido común.
En la noche del 9 de noviembre, hace ya 20 años, en mi casa brindamos por la libertad, como imagino que hizo mucha otra gente en todo el mundo. .







