Koba, el temible

Julio 10, 2009 por Livia

Grandioso libro de Martin Amis. Grandioso por el estilo del autor, dotado de un maravilloso sentido del humor, aunque el libro no es cómico ni de lejos, y un enorme sentido común. Pero, sobre todo, Koba, el temible es grandioso por lo que cuenta y es que Koba no es otro más que Stalin.

Sabemos que hay víctimas de la historia sin reivindicar pero, sin lugar a dudas, las más olvidadas y ninguneadas son las que produjo la URSS, quizá porque eran suyas, quizá porque fue al URSS, y no los americanos como se sugiere en las películas, quien derrotó a Hitler, quizá porque no perdió una guerra sino que se colapsó en sí mismo, quizá porque utilizaban palabras como contrarrevolucionario o fascista para los millones que murieron durante un régimen de terror de más de 70 años con distintos grados de intensidad. No se trata de olvidar en nazismo, que nos conocemos, sino pensar que la URSS fue el monstruo probablemente más sanguinario que ha dado la humanidad, y encima para matar campesinos directamente o de hambre, o funcionarios del censo, o quien no aplaudía lo suficiente.

Siempre me enfada que haya gente que dice que se pierden valores porque pienso en el siglo XX y, sencillamente, se me llevan los demonios.

Pienso en Primo Levi y su Si esto es un hombre y en Solzhenitsyn con su Archipiélago gulag y sólo puedo preguntarme cómo ha podido pasarnos esto porque aunque yo nací el año que murió Franco sus vivencias nos afectan, o deberian hacerlo, a todos y, por lo tanto, hay que reivindicarlas y hay que hacerlo ya.

Aun así, mos ki merak.

El jefe español

Julio 5, 2009 por Livia

El jefe español –incluidos subjefes o jefes intermedios– se levanta todas las mañanas no pensando en cómo hacer bien su tarea o sacar mejor rendimiento a quienes tiene a sus órdenes (sin explotarlos), sino diciéndose: “Soy jefe, a ver cómo lo hago hoy notar”. Para él, lo importante no es que las cosas funcionen bien gracias a su trabajo, sino saberse por encima de otros y que esos otros dependan de sus decisiones.

La cita es del artículo dominical de Javier Marías en el periódico El País.

Si pienso en la jefa que tenía hace dos años, una psicópata a la par que una absoluta incompetente,  no puedo estar más de acuerdo con la cita; mi exjefa era una mujer que no tenía en cuenta el buen o mal trabajo realizado sino que maltrataba al que cuestionara su decisiones, cosa harto complicado evitar. Sin embargo, si pienso en mi jefe actual (no sé por cuánto tiempo más lo será) mi opinión en cuanto a la cita cambia radicalmente. Y es que no es la coyuntura (el jefe) el que entorpece el trabajo sino la estructura (la filosofía de una empresa determinada) la que permite que el principio de Peter se cumpla.

Aun así, mos ki merak.

Historia “trepidante”

Junio 8, 2009 por Livia

Le había tocado ir ir a votar a un lugar del que lo habían echado a patadas casi un año antes – ¡vaya mierda de mala suerte tengo joder! – pensó al enterarse pero, aún así, a pesar de que aún tenía en los labios el sabor de la injusticia, su determinación fue clara desde el principio – iré ¡¡con un par!! - iba gritando,como quien se va a la guerra, al acercarse el día. Total, sólo le llevaría unos minutos y no estaba dispuesto a dejar de hacer lo que había hecho siempre -  pse, por una nimiedad – y después se daba a sí mismo un discurso sobre los parabienes de la democracia que ni él mismo compartía – ¿perdona? no, si al final la vamos a tener… la democracia es no sólo un derecho sino una obligación que debemo… – mira, a mí no me cuentes milongas y déjame seguir con tu “trepidante” historia.

En cuanto cruzó la puerta, tuvo la desgracia de ver a un antiguo compañero – ¡qué coño compañero! ¡un imbécil! - no  grites, que estoy contando yo la historia, a ver ahora… ¿por dónde iba? … se encontró con alguien al que no quería volver a ver porque pensaba, ingenuo, que todo debería tener alguna ventaja y… – pero, como por alguna razón me temen, se hizo el suecos con la misma alegría que yo – valeeeeeee.

Superado el trauma de entrar en ese maldito edificio – ¿¿trauma?? tú deliras coleguita - se encontró con que no tenían una triste silla para que se sentara su pobre y nonagenaria abuela, a la que llevaba colgada del brazo – eso, eso, ¡cuéntalo todo! que mi abuela pesa un quintal y ¡¡sillas!! las tienen a miles, que las he visto - y, para colmo de males, allí se había desatado la gripe A…- ¡¡cómo enferme…!! ¡¡cómo enferme………eh… les denuncio!! – sí, cómo que va a servir de algo ¿quién es el que delira ahora “coleguita”? Bah, continúo… A pesar de lo que había imaginado, salió de allí como quien no gana una batalla, ni una pelea, ni nada. Salió de allí sin emoción. Salió de allí sintiéndose, por fin, libre.

Todo ello le llevó a una reflexión, a saber: la nostalgia es una cosa curiosísima, pensó, durante casi un año, que le iba a costar acercarse por allí pero, llegado el día, entró sin más, sin un dolor, sin una pizca de pena por lo que en su día creyó haber perdido – y es que la nostalgia sólo estaba en mi imaginación – efectivamente, a veces creemos que, llegados a un punto concreto, echamos de menos cosas, o tontos útiles que daban discursos sobre revoluciones y huían a la primera víctima para aliarse con el poder, pero no. Nada de eso. De todo se sale y después de un año habiendo salido en teoría se dio cuenta de que también había salido en la práctica. Del todo. Y para siempre.

Ya no había dolor. Ya no había rabia. Y los cobardes revolucionarios con nombres de escritor antiguo le parecían, simplemente y sin paliativos, cobardes gilipollas.

Mos ki merak.

Mario Benedetti

Mayo 18, 2009 por Livia

No te quedes inmóvil al borde del camino

No congeles el júbilo

No quieras con desgana

No te salves

Ahora ni nunca,

no te salves

No te llenes de calma

No reserves del mundo sólo un rincón tranquilo

No dejes caer los párpados, pesados como juicios

No te quedes sin labios

No te duermas sin sueño

No te pienses sin sangre

No te juzgues sin tiempo

Pero si, pese a todo, no puedes evitarlo

Y congelas el júbilo

Y quieres con desgana

Y te salvas ahora, y te llenas de calma

Y reservas del mundo un sólo rincón tranquilo

Y dejas caer los párpados, pesados como juicios

Y te quedas sin labios

y te duermes sin sueño

y te piensas sin sangre

y te juzgas sin tiempo

y te quedas inmóvil al borde del camino

Y te salvas

Entonces,

No te quedes conmigo

Se ha ido hoy el autor del único poema que, a fuerza de leerlo, me he aprendido en la vida. Se ha ido el desexiliado.

La mayoría de los alumnos que he tenido, especialmente los más pequeños, lo conocen porque suelo encabezar al menos uno de los exámenes del curso con alguno de sus cuentos o con algún capítulo de Primavera con una esquina rota.

Vivió intensamente, descanse en paz.

Citas: Eva

Febrero 10, 2009 por Livia

Más vale morir intentando lo bello, aunque inasequible, que sumirse en la pasiva y cínica resignación de que el infierno sean las personas a las que estás unido.

La cita la he sacado de un tocho maravilloso que se llama Tenemos que hablar de Kevin de Lionel Shriver. La novela cuenta, en forma de cartas, la historia de la madre de un asesino en serie adolescente en EEUU. Tan doloroso de leer como enriquecedor sobre el conocimiento de la condición humana se puede leer en una de esas cartas que Eva, la madre, le escribe al padre de Kevin:

Me haya robado (Kevin) todo aquello que yo significaba para mí. Durante la primera mitad de mi vida yo era creación mía.

Deliciosamente escrito, está salpicado de citas para hacer unas cuantas entradas, pero sólo haré esta porque si no tendría que transcribirlo entero… y por ahí anda la SGAE.

Maternidad, crueldad, amor, culpa, vida… una de las novelas más recomendables que he leído en mi vida.

Mos ki merak.